Así es como entre mi grupo de amistades solíamos denominar al distrito de Miraflores, uno de los distritos de Lima, denominado "pituco" (donde vive gente acomodada) y que en los años 80 era tan clasista que muy pocos podían acceder a sus comercios. A pesar de que aún sigue siendo una zona residencial, ese abismo ya no es tan grande y hoy todos podemos disfrutar de su belleza.
Situado a orillas del Océano Pacífico, sus playas forman parte de la denominada Costa Verde, a las que se acceden ya sea a pie, descendiendo por la Bajada Balta, o en coche por la Costanera, ya que está a 79 m.s.n.m.
Al final de la Avenida Larco (principal arteria del distrito), en el Parque Salazar, está unos de los centros comerciales más famosos de Lima, llamado Larcomar, donde encontramos restaurantes con unas vistas impresionantes de toda la costa, tiendas, discotecas, cines, teatro, zona de ocio, etc. y en la parte superior podemos tomarnos una foto con el famoso osito peruano de la gran pantalla, Paddington. Miraflores es una zona turística por excelencia, por ello hay una gran variedad de oferta de alojamientos para turistas, desde habitaciones en casas particulares, hostales, hospedajes, appart hotels y hoteles de lujo, tales como el Marriot; así como también diversidad de restaurantes con una variada carta de comida internacional y sobre todo nacional, ahora que está tan de moda la comida peruana.
Larcomar
Si damos un paseo por el Malecón de la Reserva, que va bordeando la costa por arriba, vamos a encontrar varios parques con hermosas vistas y desde donde se puede hacer parapente. A mitad de camino nos topamos con el Parque del Amor, que tiene una estatua gigantesca de una pareja dándose un beso. Continuando la ruta, llegamos al último parque que es el del Faro, lugar idóneo para ir a volar cometa con los niños. Desde arriba se puede ver el famoso y romántico restaurante La Rosa Náutica, que es como una cabaña de madera enclavada en medio del mar, y donde hace ya 13 años, sucedió uno de los episodios más importantes de mi vida, mi esposo y yo decidimos emprender nuestra andadura juntos.
Para que no olvides tu viaje por Perú, en la Avda. Petit Thouars, entre las Avdas. Ricardo Palma y Angamos, existen una serie de galerías denominadas el mercado indio, donde puedes encontrar toda clase de artesanías: vestimentas de lana de alpaca y vicuña, joyas hechas en plata y oro, cerámicos, instrumentos musicales autóctonos, cuadros, etc.

Pero no todo es modernidad, este distrito tiene un legado muy antiguo de las culturas precolombinas, como muestra está la famosa Huaca Pucllana (Calle General Borgoño Cuadra 8 s/n, entre las calles 5 y 6 de la Avda. Angamos Oeste) que forma parte de una de las 500 edificaciones que existen en todo Lima, denominadas wakas, que en quechua quiere decir lugar sagrado. Esta huaca tiene un museo de sitio, con área arqueológica para los niños y donde hay un restaurante de comida típica del país, con unas hermosas vistas de las ruinas.
Continuando nuestro recorrido por el distrito miraflorino, nos encontramos que las principales avenidas (Arequipa, Pardo, Ricardo Palma, Larco y Diagonal) confluyen en el Parque Central o Kennedy, donde se encuentra la iglesia y la municipalidad (Ayuntamiento) del distrito. Este parque emblemático me trae recuerdos de mi niñez (cuando después de la misa con mi tía, solíamos ir a comer helados en la heladería D'Onofrio, que aún existe) y actualmente es un pequeño reflejo de todo aquello que configura nuestra cultura y costumbres. En la parte central, encontramos un pequeño anfiteatro al aire libre, en el cual siempre hay algún espectáculo callejero (bailes o cómicos), cuyo precio de entrada, o de salida mejor dicho, dependerá de la gratitud del espectador y de lo bondadoso de su bolsillo. Por las veredas del parque, nos encontramos unos carritos ofreciendo los riquísimos postres limeños: picarones, mazamorra morada y arroz con leche; los clásicos sandwichs criollos con todas sus salsas (ají, aceituna, palta, salsa criolla, rocoto, etc.), los que puedes acompañar con una bebida de hierbas denominada emoliente y otra que es el champú, las cuales aliviarán el frío del invierno. Para deleite de los niños y perdición de los padres, siempre hay algún puesto de venta de juguetes y globos que se coloca al lado de la zona de juegos. Detrás está la feria artesanal que nos ofrece objetos variados y souvenirs (recuerdos) y en la vereda que da a la Avda. Diagonal nos encontramos a una serie de pintores que nos ofrece una amplia variedad de cuadros que van desde los clásicos motivos andinos hasta arte abstracto y contemporáneo. Y por último, no pueden faltar los clásicos quioscos de venta de golosinas, galletas, refrescos, cigarros y prensa.
Si tienes un tiempo para sentarte en alguno de los bancos del parque, podrás apreciar como se desenvuelve cada uno de los personajes que forma esta ciudad convulsa: los enamorados impacientes que esperan a su gran amor y que se funden en un beso cuando se encuentran; los trabajadores con traje, que van a toda prisa y no hacen mas que mirar su reloj, como si con ello pudieran ralentizar el tiempo y recuperar esos cinco minutos que les falta para llegar en punto al trabajo; los comerciantes que llegan empujando esos carritos tan pesados, y no por el peso de los productos que venden, sino mas bien porque llevan ese peso en el alma de saberse que son el único sostén de sus familias; las empleadas del hogar que se dan cita con los niños que cuidan y aprovechan el tiempo para conversar acerca de las novelas, a través de las cuales viven su vida; la nueva generación de padres que han dejado atrás ese machismo (quizá de una forma forzada) y salen solos con sus niños a pasar la tarde; los serenazgo (guardias municipales) que intentan poner orden en una ciudad con la única arma que tienen, su silbato; los artistas que soñando con hacerse famosos y pasear por las calles parisinas, se conforman con las noches de bohemia de este distrito, mientras todo se funde con el ruido del tráfico y los cobradores de autobuses y combis que gritan frenéticamente, intentando conseguir más pasajeros y adelantar a su competencia.