Cuando niña no tuve oportunidad mas que de conocer la ciudad de mi madre, Ica, a la cual viajábamos en ocasiones especiales o en vacaciones y éramos siempre muy bien recibidos en casa de mis tíos, que siendo el espacio chico, la mayoría de veces, con su corazón tan grande siempre sus moradas parecían una mansión. Este hermoso gesto de la hospitalidad ha sido heredado por sus hijos, mis primos, que siempre nos reciben con los brazos abiertos.
Apenas empecé a trabajar empecé haciendo viajes cortos y dentro del mismo departamento de Lima: por el sur a Lunahuaná en Cañete, por el centro a Matucana en Huarochirí y y Santa Rosa de Quives en Canta y por el norte a Huacho en Huaura, Chanchay en Huaral y Puerto Supe en Barranca. De sus 10 provincias tan solo me faltó visitar 3, Yauyos, Oyón y Cajatambo.
Mi primer gran destino fue la ciudad de Trujillo, viaje en el que me estrené con subida al avión y todo. Esta ciudad conocida como de la eterna primavera y donde se asentó una de las culturas preincaicas más importante, la cultura Mochica, fue donde me sucedió un episodio muy gracioso de mi vida.
Estábamos de regreso a Lima con mi hermana y mi cuñado, cuando de pronto el controlador del aeropuerto, antes de embarcar, me pregunta por mis padres, a lo que yo le contestó de mala gana que a él que le importaba donde estuvieran. Así estuvimos largo rato enzarzados en una discusión, él haciéndome preguntas por mis padres y yo sin darle razón alguna, hasta el momento en que comprendí que, con mis 22 años de edad pero seguro por mi gran estatura, él me había confundido con una menor de edad.
Estábamos de regreso a Lima con mi hermana y mi cuñado, cuando de pronto el controlador del aeropuerto, antes de embarcar, me pregunta por mis padres, a lo que yo le contestó de mala gana que a él que le importaba donde estuvieran. Así estuvimos largo rato enzarzados en una discusión, él haciéndome preguntas por mis padres y yo sin darle razón alguna, hasta el momento en que comprendí que, con mis 22 años de edad pero seguro por mi gran estatura, él me había confundido con una menor de edad.
Fue así como inicié mi andadura por el resto del país, llegando a conocer casi toda la costa norte, no llegué a Tumbes, ciudad fronteriza con el vecino país de Ecuador. De la sierra me quedé con ganas (y por falta de dinero) de conocer Arequipa, Puno, y Huánuco (tierra de mi abuela paterna) y a la selva no me atreví a ir por el calor que hace y solo llegué a Oxapampa, que está ubicada en lo que se denomina ceja de selva (ladera de bajada de la cordillera hacia la amazonía).
En las próximas entradas iré contándole acerca de mis viajes y las ciudades que visité.
En las próximas entradas iré contándole acerca de mis viajes y las ciudades que visité.



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