sábado, 6 de octubre de 2018

Añoranzas de ayer ...... sabores de hoy


La gastronomía peruana ahora está en auge y se podría decir que está en boca de todos.

Pues como yo la recuerdo es completamente distinta, no era algo de moda sino algo familiar, ese festín dominguero, esa mesa de gala de fin de semana, el momento en que coincidía toda la familia, esos almuerzos que casi llegaban a la hora del lonche (merienda) pero que bien merecían la espera y continuaban con una sobremesa, tan larga y amena, que cuando nos dábamos cuenta, ya había llegado la hora de la cena.

De los clásicos del domingo estaban las entradas: papa a la huancaína (comida que hasta la fecha no he encontrado a nadie que le disguste) y la causa de papa amarilla rellena de atún y cebolla (como la preparaba siempre mi mamá y mis tías), luego descubrí que había diversos rellenos (palta, pollo y verduras, langostinos, etc.).

De segundo nos deleitábamos con un rico arroz con pollo, tallarines con carne en salsa roja o verdes, escabeche de pescado, ají de gallina (que según mi sobrino es la especialidad de la familia), olluquito con carne (porque el charqui era muy duro según mi madre), ajiaco de olluco, tallarín saltado, arroz chaufa, lomo saltado (que a decir verdad era la especialidad de mi padre).

Para las festividades teníamos comidas especiales, bacalao a la vizcaína para Semana Santa y pavo relleno con puré de manzanas para Navidad y si alguno caía enfermo, para sanarnos teníamos sopa de pollo con cabello de ángel y papa amarilla, porque como bien decía mi madre y mi tía, enfermo que come no muere.

Mi madre quizá no tenía una gran variedad de platos en su menú, pero todo lo que sus manos cocinaban lo convertía, como el rey midas, en oro, pero para el paladar. 

La recuerdo preparando su salsa de ají que es la base para todas las comidas peruanas, pues como dice mi esposo, si no pica, no es peruano.

Hoy me arrepiento de tan solo haberla acompañado dándole conversación, yo sentada en una esquina en la cocina, mientras la observaba como cortaba, lavaba, freía y trataba los alimentos y de no haberla ayudado para heredar, aunque sea un poquito, ese arte que tenía mi madre en la cocina. La recuerdo preparando su salsa de ají que es la base para todas las comidas peruanas, pues como dice mi esposo, si no pica, no es peruano.

Si tienen curiosidad por descubrir la elaboración de estos platos, en las siguientes entradas iré dejando la receta de algunos de ellos.

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